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México y su geopolítica del caos

 
El Economista

09 DE AGOSTO DE 2019

Un cuarto de siglo sin visión geopolítica. El último presidente que esbozó sobre su mesa un proyecto de México en el mundo fue Carlos Salinas de Gortari, anatema de la clase política.

Salinas abrió las ventanas hacia el mundo de un país etnocentrista donde a la sustitución de importaciones se le vinculaba con el orgullo nacionalista. El Estado fabricaba palomitas en los cines que administraba (operadora Cotsa), incentivaba a fabricantes de bicicletas chafas y controlaba la telefonía. Sobre la OCDE y los tratados de libre comercio, nada se sabía.

Es decir, el mundo era México porque sin México no existía el mundo.

En los sexenios de los presidentes Zedillo, Fox, Calderón, Peña y López Obrador (en sus primeros ocho meses), los planes de política exterior a largo plazo dejaron de existir.

¿Cómo se piensa a México en el 2030? ¿Qué fenómenos geopolíticos podrían cambiar el rumbo del país en el mediano plazo? ¿Qué país será nuestro principal socio comercial dentro de 100 años?

La seducción de no hacer nada, manifiesta un profundo desdén por el futuro; 100 años atrás, la participación relativa del comercio de México con Estados Unidos era la misma que en 2018. Algo más, Luis Videgaray conceptualizó a la Secretaría de Relaciones Exteriores como una novedosa Secretaría de Economía Internacional.

El paradigma de la diplomacia mexicana frente a su inexistente plan geopolítico de 30 años revela muchos errores: se tienen 50 consulados en Estados Unidos, pero prácticamente no existen think tanks mexicanos que ayuden a evolucionar la relación bilateral (cabilderos, relaciones públicas e influencia en medios de comunicación); la revolución tecnológica no ha logrado derrumbar la idea de que: “lo importante es lo cercano, y si Estados Unidos es nuestro principal socio, no importa que no tengamos 30 o 50 embajadas en África y en Asia; y finalmente, una visión diplomática acotada al comercio.

La irrupción de Donald Trump reveló el agotamiento del paradigma de la diplomacia mexicana. El susto entró por el comercio debido a la carencia de un sólido plan geopolítico.

Cuando las amenazas de Trump comenzaron a crecer, Luis Videgaray viajó a varias partes del mundo para encontrar potenciales salvavidas. Era tarde. La dependencia con Estados Unidos, ahorca.

Las alarmas sonaron y la apuesta de todo el gobierno de Peña Nieto fue colocada en la vía Kushner, es decir, un puente efectivo (por la cercanía con Trump) pero no institucional.

Peña y Videgaray quedaron mal con la candidata Clinton, y lo hicieron de manera voluntaria. Pensaron que, al invitar a Trump a México, el candidato republicano se los agradecería de manera infinita. Lo hizo por 10 minutos; cuando subió a su avión de regreso a Estados Unidos, se olvidó del favor.

Peña y Videgaray debieron de condicionar la visita de Trump asegurando la de Hillary. No lo hicieron, repito, de manera voluntaria. Críticas de Clinton al gobierno de Peña en materia de derechos humanos no fueron bien recibidas en Los Pinos.

La aldea

El prototipo del político mexicano revolucionario institucional deja un legado en vida: primero México. Muy bien. Pero le añade algo más. Primero México sin mundo.

Para la clase política mexicana, el costo de no tener un plan geopolítico es nulo a corto plazo. Y como se sabe, para el prototipo del político mexicano, ni el mediano y mucho menos el largo plazo, existen. Es rentable el presente, y algo más, la política exterior no da votos.

Los medios de comunicación actúan como espejo; la correlación es clara: si a la clase política no le interesa la política exterior, entonces no es rentable desarrollar un potente espacio de información internacional. Suenan a broma los noticieros de radio y televisión cuando mencionan: “Tenemos la mejor información de México y del mundo”.

El mundo, para los “lideres de opinión”, se reduce a informar la tragedia del día.

En los periódicos, los corresponsales (quienes los tienen de milagro) los envían a Estados Unidos. Un corresponsal experto en la Unión Europea, no existe. ¿En China, Japón o Rusia? Imposible.

La prueba del fracaso de los medios mexicanos es la siguiente: el periódico impreso en español que tiene la mejor información internacional es español, El País.

Si los medios carecen de interés y recursos para convertir a sus secciones internacionales en áreas de análisis, seguirán ejerciendo la labor de alertas al minuto; secciones tremendistas que buscan el retuit y la tendencia.

Diversificación

Es urgente y no optativa la creación de un plan geopolítico que permita a México pensarse en el 2030 o 2050.

¿Cómo incluir a Centroamérica? ¿Cómo integrarnos a Latinoamérica? ¿Cómo explotar la relación con China, Rusia y Japón? ¿Cómo estar presente en África?

México sin mundo.

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