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¿Por qué México quiere convertirse en el nuevo Corea del Sur?

 
Alto Nivel

03 DE MAYO DE 2019

El nuevo gobierno quiere dejar atrás 30 años sin estrategia de política industrial activa, romper con el neoliberalismo, que llevó al país a tener crecimientos modestos, inequidad, pobreza, baja competitividad y productividad. La apuesta es pasar de la manufactura a la mentefactura, a procesos de alto valor agregado, como lo hizo Corea del Sur, que no depende de la inversión extranjera, sino de un estado fuerte, desarrollador, que apoya a sus grandes, medianas y pequeñas empresas nacionales, y que impulsa la innovación, lo que le ha permitido alcanzar un contenido nacional del 90%, mientras que el de México es de apenas 25%.


En abril pasado, Eugenio Nájera, director de Nacional Financiera (Nafin) y de Bancomext, dio un adelanto de lo que pretende esta nueva administración en materia de política industrial. Durante el Foro de Análisis y Propuesta: “La nueva Política Económica-Industrial, en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Hacia un crecimiento sostenido e incluyente”, al que asistieron empresarios, académicos y representantes de la Oficina de la Presidencia de la República, Nájera dijo que el contenido nacional puede ser un elemento extraordinario para la economía, para crear más y mejores empresas.

Y la banca de desarrollo, destacó, cuenta con 670,000 millones de pesos (mdp) para apoyar a sectores que tienen muchísimas importaciones y muchísima exportación, a empresas que tengan la capacidad de aumentar la integración nacional, que tengan la posibilidad de sustituir importaciones y cuyos recursos financieros están limitados.

“México exporta el 45% de su PIB, es decir, 450,000 millones de dólares (mdd). Es una cifra inmensa, pero luego volteamos a ver las importaciones y son del orden del 46% del PIB, un déficit que en 2018 fue del orden de los 14,000 mdd, cifra 30% superior respecto a un año anterior y que significó el 1.4% del PIB; y, si le escarbamos más, vemos que las exportaciones en ese año crecieron 9.5%, mientras que las importaciones lo hicieron en 10%; y, si seguimos escarbando, vemos que las importaciones en productos de consumo ya representan el 14%, que es una barbaridad de dinero; y, finalmente, si vemos el contenido nacional de esas exportaciones, tristemente son del 25% en promedio, mientras que el de países como China, Corea del Sur y Japón es de entre el 80 y el 90%”, explicó el funcionario.

Y el caso de Corea, subrayó Najera, es el más fantástico. “No dicen Hecho en Corea, como en México, sino Creado en Corea. Nos llevan un abismo y hace 30 años no eran nadie. Entonces creo que la ecuación está bien fácil: aumentemos la integración nacional; no hay duda de que por ahí podemos caminar y ayudar mucho a México”.

José Luis de la Cruz Gallegos, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), coincide con Najera. “Uno de los errores históricos de México ha sido otorgar licitaciones a empresas trasnacionales que no utilizan insumos intermedios nacionales, no realizan transferencia de tecnología e innovación. Solo se ha visto con la lógica neoliberal de rentabilidad y bajo costo. Resultado: el presupuesto público termina financiando obras que tienen poco impacto en el desarrollo de innovación tecnológica, creación de empresas nacionales de nuevas tecnologías y fuentes de empleo que generen inclusión y movilidad social. Se acaba financiando la innovación y el bienestar social en el extranjero”.

La solución a esto, explica el directivo, un Estado Desarrollador, donde la política económica y pública se encuentre en estrecha coordinación con las empresas nacionales, el sistema educativo y la banca de desarrollo para crear las bases productivas del país.

En ese sentido, indicó De la Cruz Gallegos, los proyectos estratégicos, como la nueva refinería, el Tren Maya y la infraestructura eléctrica, deberían contar con un mínimo de contenido nacional y los contratos realizados con empresas trasnacionales disponer de apartados de transferencia tecnológica, capacitación y asociación con la industria nacional.

De otra forma, añadió, el efecto seguirá siendo limitado en materia de crecimiento económico y generación de empleo. Además, se profundizará la dependencia tecnológica de México, el error que limita el crecimiento económico y desarrollo social del país.

 

 
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