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México va por relación comercial con China

 
MéxicoXport

23 DE ENERO DE 2019

Una de las promesas de campaña del presidente Andrés Manuel López Obrador fue la de avanzar hacia una mayor diversificación de la economía mexicana. En la práctica, eso implica reducir la dependencia comercial y de inversiones con Estados Unidos (EU).

Pero, ¿cómo sustituir, al menos en parte, al vecino del norte? Una de las opciones viene de Medio Oriente: el nuevo gobierno pretende entablar una relación más estrecha con China, la segunda economía más grande del mundo con una participación de 14.8%.

México podría mirarse en el espejo de Sudamérica para identificar oportunidades y amenazas. Tras el vertiginoso incremento del intercambio comercial en los últimos 15 años, China se convirtió en el principal socio comercial de Chile, Perú y Uruguay, y en el segundo de Brasil, Argentina, Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Si se toman solo las exportaciones, el peso del mercado chino para los países del sur de América es aún más relevante. Un ejemplo de ello es Brasil, la principal economía de la región.

En 2018, el país exportó a China 64,205 millones de dólares (mdd), casi 26.8% del total de sus ventas externas. Ante esas cifras, las exportaciones de México al mercado chino se empequeñecen. Entre enero y octubre del año pasado, los envíos sumaron 6,148 mdd, apenas 1.6% del total de sus ventas.

Otra de las diferencias entre México y los países sudamericanos a la hora de acercarse a China, es el momento de atraer inversiones. Entre 2003 y 2017, China invirtió en América Latina 110,000 mdd; más de la mitad de esos desembolsos ocurrió en los últimos cinco años, según datos del National Bureau of Statistics of China (NBSC).

En contraparte, el flujo de la Inversión Extranjera Directa (IED) proveniente de China a México sumó 871.3 mdd en 2018, es decir, solo 0.6% de la inversión que entra al país, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía. Las cifras indican que México corre muy por detrás de los países sudamericanos en la carrera por relacionarse con China, y eso incluye el aspecto diplomático.

“En la última década, la relación entre Sudamérica y China ha sido muy intensa, no solo en términos de comercio e inversión, sino también en materia institucional, debido a la estrecha relación que tienen los gobiernos de Brasil, Venezuela y Argentina con el gobierno chino”, dice Enrique Dussel Peters, titular de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM.

El catedrático agrega que “si bien la relación de China con México formalmente nunca fue mala, no se distinguió por ser intensa en el ámbito institucional y estuvo repleta de malos entendidos”.

Vientos de cambio

La novedad es que las intenciones del gobierno mexicano de acercarse a China coinciden con señales de alejamiento exhibidas por algunos países sudamericanos.

En Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro dejó en claro que uno de sus principales objetivos en política exterior será acercarse a la administración de Donald Trump, lo que en forma implícita marca una mayor distancia de China.

A eso se suma la debilidad creciente del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, uno de los principales socios comerciales de China en la región.

Esas señales dejan un espacio vacante que podría cubrir México. Pero, antes de eso, ¿qué lecciones podría tomar México de la experiencia sudamericana? “China ha tenido un efecto negativo sobre la diversificación económica en América del Sur, ya que países como Brasil dependen cada vez más de la exportación de productos primarios a ese mercado”, dice Margaret Myers, directora del Programa Asia & Latin America de Inter-American Dialogue, en Washington. Myers agrega que “la inversión extranjera directa china puede ser útil para mejorar los sectores de transporte y logística, pero el progreso real en estas áreas requiere una planificación cuidadosa por parte de los gobiernos anfitriones”.

Los productos primarios y las manufacturas basadas en recursos naturales representan más de tres cuartas partes de las exportaciones sudamericanas al mercado chino. Brasil, Argentina, Perú y Venezuela son los países que más exportan.En contraparte, las exportaciones de nivel tecnológico de estos países a China no llegan a 3%. Y lo que importan del país asiático no supera 60%.

“Ese perfil de intercambio comercial determina también el foco de las inversiones chinas, que están orientadas en forma mayoritaria a infraestructura”, dice Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico en Buenos Aires.

Las barreras existen

Otro ejemplo del intercambio entre China y Sudamérica es Chile. Además de cobre, ese país exporta a su socio asiático desde salmón hasta vino embotellado, así como celulosa, muebles de madera, arándanos congelados y productos químicos.

“Exportar todos esos productos implicó un gran esfuerzo conjunto entre el sector público y exportadores chilenos”, dice Dussel. “China ha reconocido el esfuerzo de Chile, y ese proceso es un ejemplo que puede servir para México”.

Replicar el camino de Chile requerirá superar varias barreras. “Las empresas mexicanas no saben qué exportar a China, sino no tienen conocimiento de las normas sanitarias, ni de las zonas donde se quiere vender”, añade Dussel.

Por ejemplo, Beijing, el Tíbet y otras regiones conforman mercados que tienen reglas, demandas, etnias, consumos y gustos muy diferentes, por lo que se requiere de una preparación institucional de organismos y del sector público que aún no existe.

“Hoy tenemos dificultades para exportar hasta tequila y tortillas, así que hay que olvidarse de venderle a China productos más sofisticados, al menos por ahora”, dice Dussel. Ante esos obstáculos, si bien la relación comercial de México con China ha crecido en los últimos años, lo hizo de la mano de mayores importaciones, que se multiplicaron por cinco desde 2004.

Números rojos

La balanza comercial de nuestro país con China presenta un rojo cada vez más intenso. En los primeros 10 meses de 2018, el déficit alcanzó, 63,214 mdd.

“La diversificación ya comenzó; de hecho, la balanza comercial con China es cada vez más negativa para México, porque en los últimos años el país ha sustituido parte de las importaciones que realizaba a EU, la Unión Europea y Japón”, dice Dussel.

Mientras en 1999 las compras a China representaban apenas 1.3%, en los diez primeros meses de 2018 fueron de 17.8%. En el mismo período, las importaciones provenientes del país estadounidense pasaron de 74.1% a 46.3%.

El resultado de ese perfil de intercambio es una relación de 11 a 1 entre importaciones y exportaciones a China. No obstante, surgen oportunidades que prometen jugar a favor para incrementar las ventas y reducir el rojo comercial.

Si bien el crecimiento de la economía china sigue mostrando una modesta desaceleración —entre 2016 y 2018, la expansión anual del PIB bajó de 6.9% a 6.7%, y se espera que para 2019 crezca 6.3%—, esto refleja, en parte, un cambio en los motores de crecimiento de la inversión al consumo.

El año pasado, el gobierno del presidente Xi Jinping lanzó medidas como la disminución de los aranceles; la expansión del rango de productos y servicios importados, y la introducción de incentivos para el comercio electrónico transfronterizo.

Con esas medidas, entre enero y noviembre de 2018, las ventas minoristas crecieron 9.1%, y el consumo contribuyó con 78% del crecimiento económico.

Ese ritmo promete continuar en 2019. A partir del 1 de enero entraron en vigor deducciones especiales del impuesto a la renta personal, con el fin de reducir la presión tributaria. Cerca de 30% de las exportaciones mexicanas a China corresponde al rubro de minerales de cobre y sus concentrados.

El resto de las exportaciones proviene de las ventas de autos, aceites crudos de petróleo, cajas de velocidades automáticas y cerveza de malta, entre otros productos.

Sin embargo, la variedad de productos que se exportan a China sigue siendo reducida. Esa es la principal causa por la que Chile, aun siendo una economía más pequeña, exporta cuatro veces más que México al mercado chino.

“Las oportunidades son grandes, pero para aprovecharlas se requiere de logística, campañas, organización, conocimiento y recursos, elementos que México no tiene en la actualidad”, dice Dussel Peters.

“Si la administración de Andrés Manuel López Obrador le da mayor prioridad a China, en los próximos seis años podría extender y profundizar mucho esa relación”, concluye el catedrático de la UNAM.

 

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